Ángel Guerra
Ángel Guerra Volvió Guerra a ocupar su sillón, y la candorosa ciega el lugar donde pasado había la primera parte de la noche. Rezaba a media voz. Poco después del diálogo referido, Ángel sintió a María Antonia hablando quedamente con su enfermera. Acercose a la puerta de la alcoba, y oír pudo estas desvariadas expresiones: «Hermana Lorenza, ángel de Dios, ¿y qué debo daros en cambio de lo que me dais? Me curáis con vuestra propia carne y me dais vuestra sangre y vuestra vida».
