Ángel Guerra

Ángel Guerra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

II

Al siguiente extrañó Guerra no ver a don Pito por ninguna parte. Dijéronle que había dormido en Turleque, y recelando que engolfado en su feo vicio se hallaba, corriendo un temporal duro, fue allá con ánimo de exhortarle, no a la templanza, cosa imposible, sino a emborracharse decorosamente, pues eran ejemplo muy feo en Turleque aquellas turcas hondas, monumentales, empalmando el día con la noche. Eleuterio le dio noticias del infeliz capitán, que vagaba por las espesuras hecho una lástima, a ratos como lelo, a ratos dando brincos, y sin acertar a decir más que una sola frase, esto es, que él era el padre de la Naturaleza.

Por la tarde se fue el señor a Toledo, y al volver, ya de noche, vio a Fausto paseándose por los alrededores de Guadalupe. No se hablaron. En el aposento de arriba, despacho o saleta de estudio comunicada con la alcoba, hallábase Arístides, que no salía, temeroso de que le viesen, y al entrar Guerra le dijo: «Me avergüenza el estar inactivo entre tanta actividad, querido Ángel, y no poder serte útil en algo. ¿No podrías encargarme algún trabajo de gabinete?… pues ya sabes que yo no sirvo para cargar piedras.

—Ya veremos —le contestó Ángel—. Aún no has descansado. Tienes mala cara. Tú no estás bien.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker