Ángel Guerra
Ángel Guerra Concluyó el generoso reparto con recuerdos para Palomeque, León Pintado, otros amigos del Seminario y clero Catedral, recuerdo también a Acisclo y una bonita suma por sus honorarios. A Casado le dejo las alhajas que habían sido de doña Sales, designando algunas para que a Dulce las entregara: Ordenó que se quemaran todos los retratos de familia que en su casa de Madrid había; que enterrasen a Jusepa en sepultura decorosa, pagada a perpetuidad, pues habiendo sido móvil de su pecado el amor, merecía respeto y lástima piadosa su trágico fin; que no se hiciera gestión alguna para perseguir a sus matadores, a quienes perdonaba, deseándoles paz y arrepentimiento. A misas por su alma destinó por fin un buen pico, designando a Mancebo y a Laureano Porras para que distribuyeran la limosna entre sacerdotes necesitados.
Concluida la emisión de su última voluntad, tuvo el enfermo un rato de malestar hondísimo, con angustias, vómitos y rápido agotamiento de fuerzas. Los amigos, a excepción de Casado, retiráronse con dolorido semblante, pero alabando mentalmente la cristiandad del testador… y la misericordia divina.
Dos horas después volvió el notario con el documento en forma legal, y leído que fue, firmaron el testador y los tres testigos.
