Ángel Guerra

Ángel Guerra

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¿Y Dulcenombre?

II

No olvidó Guerra en aquellos días luctuosos a su compañera de ilegalidad, a la que con él había compartido las dificultades de la existencia, fortificándole y sosteniéndole con su adhesión sin límites y su buena mano para el gobierno doméstico. Como la había dejado sin blanca, en cuanto pudo, envió a Lucas con una carta que contenía el dinero necesario para no perecer; y a los tres días de muerta doña Sales quiso repetir el envío por cantidad mayor, la cual pidió a Braulio. Al dársela el buenazo del administrador le dijo: «Lleva cuenta de lo que entregas a esa… familia, y no te corras mucho. Los mil reales de hoy, con los que me pediste dos días antes de tu llegada a esta casa, hacen dos mil…»

Sorprendido y alarmado, replicó Guerra que no recordaba semejante petición; a lo que añadió Braulio algunas palabras acusándole de falta de memoria.

—Trastornado estás, querido —le dijo—, y no te acuerdas hoy de lo que hiciste ayer. Como es natural, conservo la cartita en que me pedías te enviase mil reales con toda urgencia, pues te hallabas en la mayor penuria.

—El trastornado eres tú —insistió Guerra—, y conservo perfectamente la conciencia de mis actos para saber que no escribí semejante cartita, en la fecha que dices.


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