Ángel Guerra
Ángel Guerra «Pero, hija —le dijo Guerra otro día—, no engordes tanto, que gordura y penitencia rabian de verse juntas. Cada día parece que te redondeas más. Verdad que las carnes que echas ahora son como un acopio de fuerza y salud para los días en que toquen a mortificación y abstinencias».
Sépase, entre paréntesis, que la santita de los ojos temblones usaba siempre corsé, por recomendación expresa de doña Sales, muy partidaria de una prenda que imprimía decencia y respetabilidad. «El corsé —decía—, es útil para el cuerpo y para el alma». Así debió de comprenderlo Leré, y en el hábito de comprimir y ajustar convenientemente su talle no hubo nunca asomo de coquetería. Al contrario, le enfadaba que su seno abultase tanto, y que cada día, a pesar de su sobriedad en el comer, tomase aquella parte del cuerpo desarrollo más insolente.
