Ángel Guerra
Ángel Guerra Una de estas noches, Ángel encontró a Leré levantada, lo que le causó sorpresa. La santita entró en el cuarto a encenderle la luz, y mientras él dejaba sobre el sofá capa y sombrero, le dijo: «Señor, han pasado los ocho días, y si usted me da licencia, como espero, me marcharé mañana temprano.
Al oír esto, lo primero que hizo el amo fue contravenir abiertamente una de las principales reglas de vida que la toledana le había dado en sus célebres sermones. «No hay que enfadarse nunca» había dicho ella, y Guerra se disparó súbitamente en ira. No era fácil remediarlo, y las diversas impresiones hondísimas que iba recibiendo su alma, no podían denegar su carácter.
