Ángel Guerra
Ángel Guerra VII
Herida. Bálsamo
Don Pito, que voltijeaba en la calle, esperando a que el enemigo pasara de largo para volver a entrar, vio a su sobrina haciendo figuras en el balcón, y tuvo miedo de que se le fuera la cabeza y diese la gran voltereta. «Chica —le gritó desde abajo, extendiendo los brazos para recogerla en ellos, por si acaso se tiraba—, no seas loca… aguántate… despréciale… tendrás otros que valen más… Juicio, niña, juicio, y adentro.
Al ver que la joven se retiraba del balcón, subió con toda la rapidez que sus desiguales piernas le permitían. Llegó arriba jadeante, y encontrando franca la puerta, se coló hasta la sala, en la cual estaba Dulce, llorando a lágrima viva, echada sobre el sofá. Abrazándola con paternal cariño, Pito la consoló en esta forma:
