Ángel Guerra
Ángel Guerra II
Tío Providencia
Contaba Francisco Mancebo sus años por los del siglo, quitando una decena, y se conservaba muy terne y espigado para su edad, hecho un puro cartón, los ojos vivaces y algo picarescos, la piel dura y a trechos enrojecida por sarpullos crónicos; bastante aguzado de morros y con buena dentadura, que solía mostrar como indicio cierto de su excelente salud; pobre de pelo, si rico en lunares y berrugas de diferentes tamaños, que salpicadas con cierta gracia decoraban su nariz, frente y barbilla. Había conocido cinco cardenales, Luis de Borbón, Inguanzo, Bonell y Orbe, el padre Cirilo, y Moreno, y desde muy niño estuvo al servicio de la Iglesia Primada. Era bien criado y atento con todo el mundo; algo cascarrabias en la Catedral cuando sus inferiores le apuraban la paciencia; fumador de cigarros apestosos que hacía él mismo picando colillas; narrador entretenido de historias capitulares y cronista de todas las fundaciones que afectaban al personal de la Santa Iglesia Primada; infatigable y celoso en sus obligaciones; descuidado en el vestir, pues su sotana con visos de ala de mosca, algo babeada por la parte del pecho y engrasada en el cuello, revelaba una economía próxima a la sordidez.
