Ángel Guerra
Ángel Guerra Y a la siguiente tarde, pues la mañana la perdió en recibir y despachar a un emisario de Suero que le llevaba unas cuentas, fue en busca de la nueva casa de los Babeles; y después de después de preguntar en todos los zaguanes de la Cuesta del Alcázar, dio con la caverna allá por la plazuela de Capuchinos, esquina al callejón de Esquivias, lugar de los más tristes de la ciudad. En todo el camino y brujuleo de calles no dejó de pensar en el extraño paso que daba, y si no le vino al pensamiento ni por un instante la idea de desobedecer a Leré, tampoco tuvo dudas acerca de la proposición que debía escoger entre las dos designadas por la santa. Descartado resueltamente lo del casorio, optaba por la despedida y separación absolutas, imposibilitando hasta la probabilidad de deslices ulteriores, y además determinó que, si las circunstancias se presentaban favorables a una intervención discreta para impulsar a Dulce a un buen arreglo matrimonial con otra persona, las aprovecharía con alma y vida. Todo lo llevaba muy bien estudiado y previsto, sin que faltara un poco de plan económico para asegurar a su ex amante los derechos pasivos, y salvarla de la prostitución en caso de que así fuera menester.
