Ángel Guerra

Ángel Guerra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VIII

—Pues manos a la obra —dijo la maestra—. Me veo precisada a recetar, como primer disciplinazo, uno que ha de ser muy fuerte, muy doloroso. Pero usted se empeña en que sea yo su domadora, y yo lo acepto. Y hay más: quiero lucirme, se me figura que me voy a lucir. ¿Me dejará usted mal? Dios me ha dicho a mí: «tráele, tráele», y yo he respondido: «Señor, no tengo fuerzas, no valgo para fiera de tanta bravura», y Él me vuelve a decir: «tráele, le has de traer». De usted depende que yo me luzca o me desacredite. Vamos al caso. Péguele, péguele a su carácter un golpe tremendo, pero tan tremendo, que de ese primer trastazo se quede entontecido. En estas batallas no se debe empezar por poco, sino por mucho, imponiéndose por el terror desde el primer momento.

—Pues ordena. Mándame lo que gustes. (Inquieto.) ¿Es terrible el sacrificio que me vas a imponer?

—Muy terrible.

—No me importa. Mejor.

—Sacrificio del amor propio, que es el mequetrefe que todo lo echa a perder, y el verdadero jaleador del temperamento. Hay que empezar por darle al amor propio una tunda que le deje rendido, muerto y sin ganas de volver a meterse en camisas de once varas. El primer paso es tan sencillo como doloroso: tiene usted que ir a ese hombre y pedirle perdón de los ultrajes de palabra y de obra que le infirió.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker