Ángel Guerra
Ángel Guerra Esto no lo oyó Fabián, que sentándose al piano, había empezado a mascullar aires de zarzuela y ópera. Justina entró a la sazón y tras ella los chicos, que se enracimaron junto al cantor. En cuanto oyó el monstruo la música, se animó extraordinariamente; sus ojos echaban chispas, y llevando el compás con la cabeza, trataba de repetir lo que oía.
