Ángel Guerra

Ángel Guerra

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Dulce masculló la respuesta. Decía que no y que sí, y el tal perdón se le atravesaba en la garganta como una píldora gruesa y pestífera difícil de pasar.

II

«Bajo el punto de vista de la representación social», como hinchadamente decía el inspector del Timbre, los Babeles habían ganado mucho en Toledo, pues alternaban con familias decentes de empleados en la Delegación de Hacienda, y con otras toledanas, ya del comercio, ya del señorío mediocre. Como no les conocían, y el Simón era hombre que con su coram vobis daba un chasco al lucero del alba, fácilmente hicieron amigos, y doña Catalina recibió y pagó visitas de esposas de capitanes, de hermanas de canónigos, de tenderas de la calle del Comercio, de patronas de huéspedes y de otras señoras honestísimas, cuyos maridos se ocupaban en tráficos menudos o tenían labranza en la provincia.






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