Ángel Guerra

Ángel Guerra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IX

—Tiempo hacía —replicó Leré riendo—, que no oíamos al amigo Ángel desatinar de esa manera. ¿Es que se le ha concluido la formalidad que adquirió no hace mucho? ¡Quiá! no, no. Ahí donde le ven, es menos niño de lo que parece. Si Tomé está mejor, hombre de Dios, es porque el Señor lo había dispuesto así. ¿Qué tiene que ver eso con que yo venga o deje de venir?

—Piensa tú lo que gustes, conforme a tu santa modestia, y déjame. Lo único bueno que hay en mí es esta idea que tengo de tu poder espiritual, y si la perdiera, quedaría reducido a un hombre insignificante y vulgar. ¿Por qué es disparate creer que Dios obra maravillas por intercesión tuya? Bendito error el mío, si lo es, pues equivocándome me salvé.

A todas estas, Tomé se había despejado, y hablaba como el que despierta de un largo sueño o vuelve de un remoto viaje. La remisión demasiado brusca anunciaba una crisis favorable. Leré le observó cuidadosamente, enterándose del plan prescripto, y examinó las medicinas, haciendo observaciones de enfermera experimentada.

«¿Tanta, tanta quinina será conveniente? Esperemos a ver lo que dice el médico. Dígame, Tomé: ¿no le duele el oído derecho? Puede que tenga algo de supuración. ¿Comería usted un alón de pollo? ¿Tiene repugnancia del caldo? ¿Le gustaría que se le añadiera un poquitín de Jerez?»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker