Ángel Guerra
Ángel Guerra ¡Virgen Sacratísima del Sagrario; santos gloriosos Ildefonso y Eugenio; Leocadia y Casilda, mártires benditas; Cristo Tendido, Santiago caballero y Pedro guardián de las puertas celestiales, todas cuantas imágenes pobláis la sacra iglesia toledana, sin excluirte a ti, San Cristóbal granadero, que tocas el techo con las manos: acudid en auxilio de vuestra fiel parroquiana Felisita, que no sabe a cuál de vosotros encomendarse, tan trastornada entra en vuestra casa, a la hora de vísperas, aún no repuesta de la impresión que le causara lo que oyó aquel día pegándose a la vidriera! Y tan nerviosa salió de su casa, que sus pies no acertaban a fijarse en el suelo, y al pasar bajo el arco de Palacio, en el momento de sonar la campana gorda, se llevó ambas manos a la cabeza, pensando que la torre se le iba encima poniéndosele por montera. Atormentada por la dispepsia, sentía sus ardores como si se hubiera tragado el anafre de la plancha con fuego y todo.
