Cádiz
Cádiz —Pero ese infame hombre la ha abandonado…
—La ha arrojado de su casa —dijo D. Paco.
Múltiple exclamación de horror resonó en la sala.
—Esta mañana —añadió Asunción sacando difícilmente de su pecho el aliento necesario para hablar— lord Gray salió dejándome sola en la casa. Yo temblaba de zozobra… Entraron luego unas mujeres, unas mujerzuelas… ¡qué horrible gente!… Con sus gritos me desvanecieron y con sus manos me maltrataron. Todas se reían de mí y me desgarraron los vestidos, diciéndome palabras ignominiosas… Bebían y comían en una mesa que el criado de milord les dispuso… disputaban unas con otras sobre cuál de ellas era más amada por él… Entonces comprendí el abismo en que había caído… Lord Gray volvió… Le increpé por su vil conducta… Estaba taciturno y sombrío… Tomó una chinela y con ella les azotó la cara a aquellas viles mujeres… Me colmó de cuidados. Me dijo que me iba a llevar a Malta… Yo me negué a ello y empecé a llorar amargamente invocando el nombre de Jesús… Volvieron las mujeres acompañadas de hombres soeces; uno de ellos quiso ultrajarme. Lord Gray le rompió la cabeza con una silla… Corrió la sangre… ¡Dios mío, qué horror!…
Deteníase a cada rato, y luego con gran esfuerzo seguía: