De Oñate a la granja
De Oñate a la granja «No está el brigadier. Después de recorrer una por una las casas del pueblo, me ha dicho persona verídica que la brigada que manda ese señor no está ya en el ejército del Norte, sino en el de Aragón.
—La brigada podrá estar en otra parte; pero Narváez puede haber quedado mandando otra división. Al menos así se decía en Madrid.
—En Madrid dirán lo que quieran; pero el Sr. D. Ramón María Narváez no está aquí, porque está en Aragón, a no ser que pueda un hombre estar mismamente en dos partes del mundo, Aragón y la Llanada de álava.
—¡Cuerpo de tal, sí!… como tú, que estás al propio tiempo aquí y en Babia… ¿Quién te ha dado esos informes?
—Un señor coronel a quien conozco desde que él tenía diez años. Serví en su casa: su madre gran señora; sus hermanos guapísimos. Como hijos de militar, arrimados a la milicia… La señora me regañaba porque en los ratos libres nos poníamos todos, niños y criados, a jugar a los soldaditos. A este le quise más que a ninguno, y el día que salí de la casa lloraba el pobrecico… yo también lloré, porque le quería. Era un ángel… La señora nos hacía rezar el rosario de rodillas, y él se ponía junto a mí, haciéndome garatusas… Pues como iba contando, todos los hermanos siguieron la carrera militar… este…