De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —No hay nada de millones ni de prusianos —afirmó el Ordenador, jefe de la Hacienda militar y civil, Sr. Labandero—. Si acaso, traerán buenas palabras… Me da en la nariz que son de la familia del entusiasta, del generoso conde Roberto de Custine. ¿No notan ustedes el tipo de caballeros a la antigua?
—Ya lo hemos notado —dijo el orondo Don Tiburcio Eguiluz, Superintendente General de Vigilancia Pública—. Para mí, no es otro que el vizconde de la Rochefoucauld Jaquelin.
—Hombre, me parece que está usted soñando, Sr. D. Tiburcio.
—Ya veremos quién sueña…».