De Oñate a la granja
De Oñate a la granja «¡Si no ha sido nada!… ¿A ver?… Aquí, más abajo de la rodilla. Me duele y no me duele… No, no bajen ustedes que seguimos… No es nada; ya ven, puedo andar…».
Y antes de que el armatoste anduviera veinte varas, cojeaba Fernando horriblemente.
«No puedo, no puedo andar —dijo—. Pero no es nada, nada; no hay que asustarse, niñas… Para, para, que voy a subir».