De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —Venían dirigidas a Fernando de Córdova, el hermano del General en jefe. Pero ha salido para Madrid, y las ha dejado no sé si a Echagüe o a Pepe Concha, para que las entregaran a usted si venía por aquí. Ayer hablaban de esto.
—¿Es cierto que el General ha ido a Madrid?
—Sí señor; ayer ha salido de Vitoria con su hermano y sus ayudantes, Casasola, Mariano Girón y el príncipe de Anglona. Pero volverá pronto. Ya digo: Fernando Córdova habló delante de mí a Pepe Concha de dejarle las cartas que recibió para usted; pero como luego se trató de si Concha iba también a Madrid o se quedaba, me parece que debe de tenerlas Echagüe, porque le oí que se ofreció a desempeñar este encargo.
—Echagüe manda los chapelgorris.
—Justamente; y hoy está en la división de Espartero. Ayer le vi en Vitoria, donde permanecerá unos días restableciéndose de sus heridas.
—Pues tanto al Sr. Serrano como al Sr. Alaminos —dijo Demetria—, les suplico yo que cuiden de que esas cartas no se extravíen.
—¡Oh! sí, yo averiguaré quién las tiene…
—Y yo.
—Y lo demás es muy fácil. Que envíen las cartas a La Guardia, a casa de esta servidora de ustedes.
—Allá irán. Queda de nuestra cuenta. Cumpliremos, señora.