De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —Siento no haberle visto. Quizás me diera noticias de personas que me interesan, y de las cuales nada he sabido desde que esta pillería del Gobierno me prendió.
—Es un hecho —dijo Rufete—, que el Gobierno, por venganza, le ha desterrado a la novia. Lo mismo hicieron conmigo el año 34. Maquiavelismo… pero no les vale, no les vale.
—No les vale —repitió Calpena—, porque yo, en cuanto me suelten, revolveré toda la tierra hasta encontrarla… ¿Ha dicho Eleuterio si mi novia vive, si se la llevó aquel tío que ahora cuida de ella, por disposición de Mendizábal?
—Pero, señor, ¿hasta en eso se meten los ministros?… ¿En quitarle a uno su jembra?
—Sí señor: vive y está buena; sólo que un poco desmejorada. Ya van en camino de…
—¿De dónde?
—Pues mire que no me acuerdo. Pero es cosa de las provincias, allá por donde anda el Pretendiente con toda su facción.
—¿Será Fuenterrabía, Tolosa…?
—Me parece que no… Yo se lo preguntaré a mi primo cuando vuelva. Mi familia lo sabe todo por Lopresti, a quien despidió la Jacoba, y en casa le tenemos».