El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
UANDO revolvía uno de los armarios, aparecieron varias cruces; pero algunos de los presentes, ni aun me permitieron tocarlas, y pusiéronlas todas en una bandeja de plata, para entregarlas, según decían, al Rey en persona. Lo más singular de la determinación de aquellos cortesanos tiznados con el hollín de la demagogia, era que disputaban sobre quién debía llevarlas, pues ninguno quería ceder a los demás semejante honor. Uno de ellos venció al fin; y no quisiera equivocarme, pero me pareció reconocer al señor de Mañara.
Con el crecer de la llama parecía que cobraban nuevos bríos los quemadores, si bien puede atribuirse este fenómeno a que algunos zaques dieron vuelta a la redonda, humedeciendo los secos paladares, y alegrando los ánimos que un trabajo tan penoso como patriótico, había comenzado a abatir. Creí oír la voz de Pujitos obligado nuevamente por sus amigos políticos a tomar la palabra; pero no, era Santurrias, que teniendo en la izquierda la bota y en la derecha mano un leño encendido, pronunciaba sentidas frases en loor del pueblo y del Rey, ambos en buen amor y compaña, para bien del reino; y añadía que el endino Príncipe de la Paz estaba bien castigado, puesto que eran ya cenizas todos los muebles que robó al reino, y que de aquí palante, es decir, en lo sucesivo, no habría más menistros pillos y lairones.
