El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Ya me lo explicará Vd. detenidamente —repuse—. Ahora prepárese Vd. para ir a la iglesia, donde le aguarda una multitud de respetables señoras.
—¿Qué dices? Si no hay sermón esta tarde…
—Vd. mandó a los cuatro muchachos que tocaran a…
—¡Es verdad, qué inadvertencia! —dijo muy confundido—. Y están allà esas buenas señoras, doña Robustiana, doña Gumersinda, doña Nicolasa la del escribano. ¡Oh! ¿Qué dirá Nicolasa si no predico?
—Es preciso que Vd. haga un esfuerzo.
—Si no tengo ideas, si no sé qué decir. No puedo apartar mi mente del espectáculo que he visto. ¡Ah! ¡Cuánto me querÃa! ¡Si vieras cómo me apretó la mano! Yo lloraba a moco y baba. Si a él se lo debo todo. Él fue mi amparo, él me dio este beneficio a los catorce años de haberlo solicitado, enseguida, como quien dice. Y lo mejor es que sin merecimientos por parte mÃa… No, no puedo predicar… estoy atontado… Esos endiablados muchachos todavÃa no cesan de tocar a sermón… ¡Oh! tendré que hacer un esfuerzo.
D. Celestino, comprendiendo la necesidad de no desairar a sus feligresas, entró en su iglesia y oró un poco, recogiendo su espÃritu. Después subió al púlpito y predicó un sermón sobre la ingratitud.
Todas las viejas lloraron.