El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Mi único temor consistía en que los Requejos recordasen haberme visto en Aranjuez, con lo cual recelarían de tomarme a su servicio; pero Dios, que sin duda protegía mi buena obra, permitió que ni uno ni otro me reconocieran, y si doña Restituta me miró al pronto con cierta expresión sospechosa y como diciendo «yo he visto esta cara en alguna parte», fue sin duda un fugaz pensamiento que no la decidió a poner obstáculos a mi admisión.
Cuando entré en la tienda, la primera persona a quien expuse mis pretensiones fue D. Mauro, el cual dejando un rancio librote donde escribía torcidos números, se rascó los codos y me dijo:
—Veremos si sirves para el caso. De un mes acá han venido más de cincuenta; pero piden mucho dinero. Como ahora quieren todos ser señoritos…
Llamada por su hermano, presentose doña Restituta, y entonces fue cuando me miró como más arriba he dicho.
—¿Tú sabes —me preguntó la tía de Inés— lo que damos aquí al mozo? Pues damos la mantención y doce reales al mes. En otras partes dan mucho menos, sí señor, pues en casa de Cobos, después de matarles de hambre, danles ocho reales y gracias. Con que muchacho, ¿te quedas?