El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Juan de Dios comía en casa de los Requejos, que le trataban como un hermano. Servíales él con fidelidad incomparable, y si en algo nacido tenían ellos confianza, era en su mancebo. Cinco años antes de mi entrada en la casa, la organizadora y genial cabeza de D. Mauro Requejo concibió un proyecto gigantesco, semejante a esos que de siglo en siglo transforman la faz del humano linaje. D. Mauro, después de hacer la cuenta del día, se rascó los codos, diose un golpe en la serena frente, puso los ojos en blanco, riose con estupidez, y llamando aparte a su hermana, le dijo:
—¿Sabes lo que estoy pensando? Pues pienso que tú debes casarte con Juan de Dios.
Es fama que doña Restituta arqueó las cejas, llevose un dedo a la barba, inclinó hacia el suelo la luminosa mirada y pensó.
—Pues sí —continuó Requejo—; Juan de Dios es trabajador, es ahorrativo, entiende del comercio, y en cuanto a honradez, creo que, no siendo nosotros, no habrá en el mundo quien le iguale. Yo no pienso volver a casarme; y si hemos de tener herederos, no sé cómo nos las vamos a componer.