El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Inés contestó brevemente al saludo.
—Está un poco holgazana —dijo Restituta mirando con desdén a la huérfana—. Hoy no ha cosido más que camisa y media, lo cual es un asco.
—Pues me parece bastante.
—¡Ay!, Sr. de Lobo, no diga Vd. que es bastante. Mi abuela según me contaba mi madre, echaba en un día la friolera de dos camisas. Pero esta chica está acostumbrada a la holgazanería; ya se ve… su madre no hacía más que arrastrar el guarda pies por las calles, y la niñita me andaba todo el día de ceca en meca, aquí te pongo aquí te dejo.
—Pues es preciso trabajar —dijo Requejo—, porque, chiquilla, el garbanzo y el tocino y el pan y las patatas no caen del cielo, y el que viene a esta casa a sacar el vientre de mal año no se puede estar mano sobre mano. Y si no, aprendan todos de mí que me he ganado lo que tengo ochavo por ochavo, y cuando era mozo, fardo por la mañana, fardo por la noche, fardo a todas horas, y siempre tan gordo y tan guapote.
—Ella es habilidosilla —afirmó Restituta—, y sabe coser; sólo que le falta voluntad. No es ya ninguna chiquilla, que tiene sus quince años cumplidos y ya puede comprender las cosas. A su edad yo gobernaba la casa de mis padres. Verdad es que como yo había pocas, y me llamaban el lucero de Santiagomillas.