El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Dale… dale… —dijo Restituta—. ¿A qué viene hablar de esas cosas? ¿A qué sacar de quicio a la muchacha, trastornándole el seso? Nada: no hay collar ni pendientes. ¿Ni cómo quieres que la niña lave la ropa ni cosa las camisas, cuando le dicen que va a ser, como si dijéramos, princesa?
—Nada, nada… yo la quiero y la estimo —afirmó Requejo—. ¿Por qué la hemos de privar de ese gusto? Que lo sepa… y digo más, señora hermana; y es que, aunque a mí no me gusta la holgazanería, porque ya ven Vds., yo desde la edad de catorce años… quiero decir, que aunque no me gusta la holgazanería, lo que es por estos días y de aquí a que nos casemos, si Inés quiere trabajar que trabaje, y si no que no trabaje.
D. Mauro volvió a reír, y alargando el brazo hacia Inés le tocó la barba. Estremeciose la muchacha como al contacto de un animal asqueroso, y rechazó bruscamente la caricia de su impertinente tío.
—¿Qué es eso, niña? ¿Qué modales son esos? —dijo D. Mauro frunciendo el ceño—. Después que me caso contigo…
—¿Conmigo? —exclamó la huérfana sin poder disimular su horror.
—Contigo, sí.
—Déjala, Mauro; ya sabes que es un poco mal criada. Niña, no se contesta de ese modo.
—¿Pues no tiene también su orgullo la pazpuerca?