El 19 de Marzo y el 2 de Mayo

El 19 de Marzo y el 2 de Mayo

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Hallábame en una de esas construcciones abovedadas con rosca de ladrillo, que sirven de fundamento a casi todas las casas de Madrid antiguas y modernas. Faltos de espacio superficial, los madrileños han buscado la extensión hasta el cielo y hacia el abismo, de modo que cada albergue es una torre colocada sobre un pozo. La de mis amos no tenía en su sótano luces a la calle; la oscuridad era absoluta y el silencio también, excepto cuando pasaba algún coche. Extendiendo mis brazos a derecha, a izquierda y hacia arriba, tocaba ásperos ladrillos endurecidos por un siglo, no tan húmedos como los que describen los novelistas, cuando el hilo de sus relatos les lleva a alguna mazmorra donde ocurren maravillosas. Como he dicho, ni un ruido lejano, ni un rayo de luz turbaban la paz de aquel antro donde era posible llegar al convencimiento de no existir, existiendo. Todo un arsenal de herramientas no habría bastado a proporcionarme escapatoria, y pensar en la fuga, habría sido pensar en lo absurdo. No tenía más consuelo que la resignación, y me resigné. Estar allí dentro en plena soledad, en plena lobreguez, en pleno silencio, era como cuando cerramos los ojos encarcelándonos voluntariamente dentro de esa otra bóveda de nuestro pensamiento. Acosteme en el suelo rendido de fatiga y medité. Mi prisión no me parecía otra cosa que una prolongación de mi cerebro.



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