El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Puesto que ese tu reverendo tío era antes un bribón, no sé por qué hemos de creerle santo ahora.
—Tú eres un chicuelo sin experiencia —me dijo D. Celestino algo enojado—, y yo no debiera consultar esto contigo. ¡Si sabré yo distinguir lo verdadero de lo falso! Y sobre todo, Inés, si él quiere favorecerte, poniéndote en pie de gente grande, si él quiere gastarse sus ahorros con su querida sobrina, ¿por qué no lo has de aceptar? Mucho más podría decirte; pero él mismo en persona te explicará mejor el gran cariño que te tiene.
—¿Pues qué —preguntó Inés turbada—, vendrá a Aranjuez?
—Sí, chiquilla —repuso el clérigo—. Yo te reservaba esta noticia para lo último. Hoy mismo tendrás el gusto de ver aquí a tu amado tío y protector. ¡Ah, Inés! Mucho sentiré separarme de ti; pero servirame de consuelo la idea de que estás contenta, de que disfrutas mil comodidades que yo no te puedo dar. Y cuando este viejo incapaz eche un paseíto a Madrid para visitarte; espero que le recibirás con alegría y sin orgullo: espero que no te ofuscará la ruin vanidad al considerarte en posición superior a la mía, porque tío por tío, hermano soy de tu difunto padre, mientras que el otro…
D. Celestino estaba conmovido, y yo también, aunque por distinta causa.