El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Al oír esta relación, el vivo dolor arrancó al principio ardientes lágrimas a mis ojos; pero después fue tanta mi indignación, que prorrumpí en exclamaciones terribles y recorrí la calle gritando como un insensato. Aún dudé; subí a mi casa, encontrela desierta; supe de boca de algunos vecinos consternados la verdad, tal como Juan de Dios me la había dicho, y ciego de ira, con el alma llena de presentimientos siniestros, y de inexplicables angustias, marché hacia el centro de Madrid, sin saber a dónde me encaminaba, y sin que me fuera posible discurrir cuál partido sería más conveniente en tales circunstancias. ¿A quién pedir auxilio, si yo a mi vez era también injustamente perseguido? A ratos me alentaba la esperanza de que los franceses pusieran en libertad a mis dos amigos. La inocencia de uno y otro, especialmente de ella, era para mí tan obvia, que sin género de duda había de ser reconocida por los invasores.
Juan de Dios me seguía, y lloraba como una mujer.
—Por ahí van diciendo —me indicó— que los prisioneros han sido llevados a la casa de Correos. Vamos allá, Gabriel, y veremos si conseguimos algo.