El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Los pretendientes allí reunidos se miraban con recelo y mal humor, porque a todo el que hace antesala molesta mucho el verse acompañado, considerando sin duda que si el tiempo y la benevolencia del ministro se reparten entre muchos, no puede tocarles gran cosa. Un ujier se acercó a nosotros y preguntó a D. Celestino quiénes éramos, a lo cual repuso el buen eclesiástico:
—Nosotros somos curas de la parroquia de… quiero decir, soy cura de la parroquia y este joven… este joven gana noventa y tres reales en los meses de treinta y uno; y venimos a… pero yo no pienso pedirle nada al señor Príncipe, porque este picarón señalando a mí) no se morderá la lengua para decirle lo que desea.
Cuando el ujier se alejó, dije a mi acompañante que tuviera cuidado de no equivocarse tan a menudo: que no anunciara anticipadamente nuestra comisión pedigüeña, y que no había necesidad de ir pregonando lo que yo ganaba, a lo que me respondió que él como persona nueva en antesalas y palacios, se turbaba a la primera ocasión, diciendo mil desatinos. Uno de los señores que aguardaban se nos acercó, y reconociendo al cura, se saludaron ambos muy cortésmente, diciendo el desconocido:
—Sr. D. Celestino, ¿qué bueno por aquí?