Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Los extranjeros se defendÃan con su certera punterÃa y sus buenas armas, pero no contaban con la multitud de brazos que les ceñÃan por detrás y por delante, como rejos de un inmenso pulpo, ni con el incansable pinchar de millares de herramientas, esgrimidas contra ellos con un desorden y una multiplicidad semejante al de una lluvia de puñales; ni con la espantosa centuplicación de fuerzas menudas que, sin matar, imposibilitaban la defensa. A veces esta superioridad de los madrileños era tan grande que no podÃa menos de ser generosa, pues cuando los enemigos aparecÃan en número escaso se abrÃa para ellos un portal o tienda donde quedaban a salvo, y muchos de los que se alojaron en las casas de la calle Mayor debieron la vida a la tenacidad con que sus patronos les impidieron la salida.
No se salvaron tres de a caballo que corrÃan a todo escape hacia la Puerta del Sol. Se les hicieron varios disparos, pero, irritados ellos, cargaron sobre un grupo apostado en la esquina del callejón de la Chamberga y bien pronto viéronse envueltos por el paisanaje. De un fuerte sablazo, el más audaz de los tres abrió la cabeza a una infeliz maja en el instante en que daba a su marido el fusil recién cargado. La imprecación de la furiosa mujer al caer herida al suelo espoleó el coraje de los hombres.