Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Repetidas veces vimos que detenían a personas pacíficas y las registraban, llevándoselas presas por si guardaban acaso algún arma, aunque fuera navaja para usos comunes. Yo llevaba en el bolsillo la de Chinitas y ni aún me ocurrió tirarla: ¡tales eran mi aturdimiento y abstracción! Pero tuvimos la suerte de que no nos registraron. Últimamente, y a medida que anochecía, apenas encontrábamos gente por las calles. Lleguéme a la cuesta de la Vega y al palacio de Amaranta. El portero me dijo que su excelencia había partido dos días antes para Andalucía. Desesperado regresé al centro de Madrid, elevando mis pensamientos a Dios como el más eficaz amparador de la inocencia, y traté de penetrar en la casa de Correos. Al poco rato de estar allí procurándolo inútilmente vi salir a un amigo mío, regente del Diario: venía con cara de tribulación. A mis preguntas ansiosas contestó así: «Todos los presos que aquí estaban han sido llevados a la Moncloa, al Retiro… ¿Pero no conoces el bando? Los que sean encontrados con armas serán arcabuceados… Los que se junten en grupos de más de ocho personas serán arcabuceados… Los que parezcan agentes de Inglaterra serán arcabuceados».