Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Marcial aplicaba el vocabulario de la navegación a todos los actos de la vida, asimilando el navío con el hombre, en virtud de una forzada analogía entre las partes de aquel y los miembros de éste. Por ejemplo, hablando de la pérdida de su ojo, decía que había cerrado el «portalón de estribor», y para expresar la rotura del brazo, decía que se había quedado sin la «serviola de babor». Para él, el corazón, residencia del valor y del heroísmo, era el «pañol de la pólvora», así como el estómago, el «pañol del biscocho». La acción de embriagarse la denominaba de mil maneras distintas, y entre éstas la más común era «ponerse la casaca», idiotismo cuyo sentido no hallarán mis lectores, si no les explico que, habiéndole merecido los marinos ingleses el dictado de «casacones», sin duda a causa de su uniforme, al decir «ponerse la casaca» por emborracharse, quería significar Marcial una acción común y corriente entre sus enemigos. A los almirantes extranjeros les designaba con estrafalarios nombres, ya creados por él, ya traducidos a su manera, fijándose en semejanzas de sonido. A Nelson le llamaban el Señorito, voz que indicaba cierta consideración o respeto; a Collingwood, el tío Calambre, frase que a él le parecía exacta traducción del inglés; a Jerwis le nombraba como los mismos ingleses, esto es, viejo zorro; a Calder, el tío Perol, porque encontraba mucha relación entre las dos voces, y siguiendo un sistema lingüístico enteramente opuesto, designaba a Villeneuve, jefe de la escuadra combinada, con el apodo de Monsieur Corneta, nombre tomado de un sainete que en aquellos días se representaba en Cádiz.