Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pasaron días. Aguardando la llegada de Castaños para incorporamos a él, yo hacía una vida vagabunda y holgazana. Como el servicio del joven don Diego no exigía más que presentarme en la posada a la hora de comer, pasaba el día y parte de la noche discurriendo por aquellas tortuosas calles, que convidan al transeúnte a perderse en ellas, entregándose al azar, a lo aventurero, a lo desconocido, sin saber a donde se va ni de donde se viene. (Un paréntesis para deciros que en mis vueltas y revueltas sentí la sombra, el aliento, el aroma de mi cuento de hadas, que en algún escondido repliegue de la morisca ciudad misteriosamente se ocultaba… ¿Lo adiviné, lo presentí, me lo reveló algún súbito roce entre dos hechos, un choque entre una palabra de aquí y otra de allá? No puedo responderme. Creo que hubo de todo, adivinación, indicio, relámpago… Pero he prometido echar la llave al arca del cuento y, ¡ras!, cierro y sigo).