Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Mientras el vecindario engañaba su fiebre leyendo estas paparruchas, proseguían con ardor los preparativos militares. No creo que existiera nunca delirio semejante. En las guerras actuales las señoras, movidas de sus humanitarios sentimientos, se ocupan en hacer hilas. ¡Ay!, entonces las señoras tenían alma para ocuparse en fundir cañones. ¡Cuando tal era el espíritu de las mujeres, cómo estarían los hombres! ¡Hilas! Allí nadie pensaba en tales morondangas.
¡Dios mío, las fatigas que costó vestir militarmente a los voluntarios y cuerpos francos! Todo el mujerío de Córdoba se ocupa noche y día en galonar marselleses, en adornar sombreros y guarnecer charpas y polainas. Se hicieron muchos uniformes, pero no bastaban para equipar los dos regimientos, uno de caballería y otro de infantería, que organizó la Junta de Córdoba.
Sin embargo, este inconveniente se obvió disponiendo que con cada prenda de vestir se cubriesen dos: el uno llevaba los calzones, casaca y sombrero, y, el otro, el pantalón, chaqueta y gorra de cuartel. El correaje también servía para dos: uno llevaba la bayoneta en la cartuchera, y, el otro, en el porta-bayoneta, y no alcanzando las cartucheras y cananas se suplían con saquillos de lienzo. Francamente, niños míos, era aquél un ejército que causaba risa.