Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos En Porcuna se nos unieron las tropas de Reding. Celebraron consejo los generales para distribuir las divisiones y tomar la ofensiva inmediatamente. Aquel día, que fue, si no recuerdo mal, el 12 o el 13 de julio, vi por primera vez al general Castaños, cuando nos pasó revista. Parecía tener cincuenta años y, por cierto, que me causó sorpresa su rostro, pues yo me lo figuraba con semblante fiero y ceñudo, según a mi entender debía tenerlo todo general en jefe puesto al frente de tan valientes tropas. Muy al contrario, la cara del general Castaños no causaba espanto a nadie, aunque sí respeto, pues los chascarrillos y las ingeniosas ocurrencias que le eran propias las guardaba para las intimidades de su tienda. Montaba airosamente a caballo y en sus modales y apostura había la gracia cortés y urbana que tan común ha sido en nuestros Césares y Pompeyos. Antes de inmortalizar su nombre fue un excelente militar. Hizo su carrera con rapidez grande, si no desusada en aquellos tiempos. A los doce años de edad obtuvo el mando de una compañía; a los veintiocho le hicieron teniente coronel y a los treinta y tres, coronel. En 1794, y cuando contaba treinta y ocho años y poseía la faja de mariscal de campo, estuvo en la del Rosellón a las órdenes del General Caro, y allí le hirieron gravemente en el lado izquierdo del cuello. Cuentan que la ligera inclinación de su cabeza hacia aquel lado provenía de tal herida.