Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Viéndome desmontado, me dirigí a buscar un puesto entre las escoltas de la Artillería o en el servicio de municiones, que se hacía precipitadamente por los tambores entre los carros y las piezas. Al dar los primeros pasos advertí el extraordinario decaimiento de mis fuerzas físicas: no podía tenerme en pie, y el ardor de mi sangre, llegado a su último extremo, me paralizaba cual si estuviese enfermo. No es propio decir que hacía calor, porque esta frase, común al verano de todos los países europeos, es inexpresiva para indicar la espantosa inflamación de aquella atmósfera de Andalucía en el día infernal que presenció la batalla de Bailén.
Cuando me encontré a pie y a regular distancia del combate, empecé a sentir vivamente y de un modo irresistible el aguijón candente de la sed que horadaba mi lengua, y la corriente de fuego que envolvía mi cuerpo. Esto me daba tal desesperación que de prolongarse mucho hubiérame impelido a beber la sangre de mis propias venas.