Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Los franceses defendían su vaso de agua, y nosotros se lo disputábamos; pero de improviso sentimos que se duplicaba el calor a nuestras espaldas. Mirando atrás, vimos que las secas espigas ardían como yesca, inflamadas por algunos cartuchos caídos por allí, y sus terribles llamaradas nos freían de lejos la espalda. «O tomar la noria o morir», pensamos todos. Nos batíamos apoyados contra una hoguera, y la hambrienta llama, al morder con su diente insaciable en aquel pasto, extendía alguna de sus lenguas de fuego, azotándonos la cara. La desesperación nos hizo redoblar el esfuerzo, porque nos asábamos, literalmente hablando, y por último, arrojándonos sobre el enemigo, resueltos a morir, la gota de agua quedó por nosotros al grito de «¡Viva España!».
Aplacada la sed, corrimos hacia el campo de batalla. Ya cerca de él pasó rápidamente por delante de mí un caballo sin jinete, arrogante, vanaglorioso, con la crin al aire, algo azorado y aturdido. Le seguí, y apoderándome de sus bridas cuando volvía, me monté en él; después de ser por un rato soldado de a pie, tomaba a ser jinete. Busqué con la vista el escuadrón más próximo, y vi que a retaguardia del centro se formaba en columna con distancia el de «España». Entré en las primeras filas, y en ellas reanudo mi cuento, o si os parece mejor, mi lección de Historia de España.