Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Los que asistían a aquel espectáculo, sin ser actores de él, estábamos mudos de estupor, con el alma y la vida en suspenso. De pronto, una conmoción inmensa, un estrépito indescriptible señalaron el momento culminante de la refriega. Vi a los marinos de la guardia próximos, casi tocando a las bocas de los cañones… Destrozados en el primer ataque, lo repetían sacando el último resto de bravura de sus corazones resecados por el calor, y volvían a la carga resueltos a dejarse hacer trizas en la boca de los cañones a tomarlos. Nuestros soldados sacaban fuerzas de su espíritu porque en el cuerpo no las tenían ya. Hasta los artilleros empezaban a desfallecer, y heridos casi todos los primeros de izquierda y derecha, atacaban los segundos, daban fuego los terceros, y del servicio de municiones encargábanse los paisanos…
La escena de furor y estruendo cambió de improviso… La furia se apagaba en un hondo y grave silencio… No sé lo que pasó. Corrimos fuera de la carretera; todos mis compañeros proferían exclamaciones de frenética alegría. Vi los cañones inmóviles y delante una espesa cortina de humo, que al disipar se permitía distinguir los restos del batallón de marinos. En el frente francés flotaba una bandera blanca, avanzando hacia nuestro frente. La batalla había concluido.