Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Me parece que fue al anochecer del 18 de diciembre cuando avistamos a Zaragoza. Entrando por la puerta de Sancho, oímos que daba las diez el reloj de la Torre Nueva. Nuestro estado era excesivamente lastimoso en lo tocante a vestido y alimento, porque las largas jornadas que habíamos hecho por Santo Domingo de la Calzada[16]. Logroño, y todo el camino real que va por la orilla izquierda del Ebro, nos molieron y extenuaron horrorosamente. El día de la evasión reuníamos entre los tres un capital de once reales; pero al entrar en la metrópoli aragonesa hicimos un balance y arqueo de la caja social y nuestras cuentas sólo arrojaron un activo de treinta y un cuartos. Compramos pan junto a la Escuela Pía y nos lo distribuimos.
Uno de mis compañeros era gato de Madrid y tenía en Zaragoza dos primos sombrereros; el otro era un viejo, que en la Corte trabajaba en librería de viejo, gran lector de papeles públicos y algo masón, según se decía. Llamábase don Roque, y como aragonés tenía buenas relaciones en Zaragoza; pero aquella no era hora de presentarnos a nadie. Aplazamos para el día siguiente el buscar amigos y como no podíamos alojarnos en una posada discurrimos por la ciudad buscando un abrigo donde pasar la noche.