Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Cuando la tempestad de fuego se calmó, no nos conocíamos: estábamos transfigurados y algo nuevo y desconocido palpitaba en lo íntimo de nuestras almas, dándonos una ferocidad inaudita. Al día siguiente decía Palafox con elocuencia: «Las bombas, las granadas y las balas, no mudan el color de nuestros semblantes, ni toda la Francia lo alteraría».
Rendido el Fortín de San José, trabajamos sin descanso el 12 y el 13, para reparar los muros, mejor dicho, para sustituirlos con sacos de tierra. Amainó el fuego: los sitiadores comprendían que ello era obra de paciencia y estudio, y abrían despacio y sin riesgo zanjas, caminos cubiertos y zig-zags que les trajesen a la posesión del fuerte sin pérdida de gente. Nuestros cañones estaban casi inservibles, el foso casi cegado, y era forzoso continuar la defensa a tiro de fusil. El 14, la artillería imperial desbarató de nuevo nuestros trabajos, abriéndonos más brechas por los costados y el frente. En esta situación el fuerte habría de rendirse más tarde o más temprano, pues se hallaba a merced de los tiros del francés, como un barco a merced de las olas del océano.