Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos No se diga, para amenguar el mérito de los nuestros, que el francés luchaba a pecho descubierto; los defensores también lo hacían, y detrás de la desbaratada cortina no podía guarecerse una cabeza. Allí era de ver cómo chocaban las masas de hombres y cómo las bayonetas se cebaban con saña, más propia de fieras que de hombres, en los cuerpos enemigos. Desde las casas hacíamos fuego incesante, viéndoles caer materialmente en montones, heridos por el plomo y el acero al pie mismo de los escombros que querían conquistar.
Por nuestra parte, el número de bajas era enorme. Lo natural, lo humano, habría sido abandonar unas posiciones defendidas contra todos los elementos de la fuerza y de la ciencia militar reunidos; pero allí no se trataba de nada que fuese humano y natural, sino de extender la potencia defensiva hasta límites infinitos, desarrollando en sus inconmensurables dimensiones el genio aragonés, que nunca se sabe a dónde llega.
Mientras esto pasaba, otras columnas igualmente poderosas trataban de apoderarse de la Casa de González, que he mencionado arriba; pero desde las casas inmediatas se les hizo fuego tan terrible de fusilería y cañón que desistieron de su intento.