Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Marchamos a la iglesia; pero los franceses que habían entrado por la sacristía se nos adelantaron, y ya ocupaban el altar mayor. Yo no había visto jamás una mole churrigueresca, cuajada de esculturas y follajes de oro, sirviendo de parapeto a la infantería; yo no había visto que vomitasen fuego los mil nichos, albergue de mil santos de ebanistería; yo no había visto nunca que los rayos de madera dorada, que fulminan su llama inmóvil desde los huecos de una nube de cartón poblada de angelitos, se confundieran con los fogonazos, ni que tras los pies del Santo Cristo, y tras el nimbo de oro de la Virgen María, el ojo vengativo del soldado afinara su mortífera puntería.
Baste deciros que el altar mayor de San Agustín era una gran fábrica de talla estofada, cual otras que habréis visto en templos de España. Este armatoste se extendía desde el piso a la bóveda, y de machón a machón, representando en sucesivas hileras de nichos como una serie de jerarquías celestiales. Aunque la mole se apoyaba en el muro del fondo, había pasadizos interiores dedicados al servicio casero de aquella república de santos, y por ellos el lego sacristán podía subir desde la sacristía a mudar el traje de la Virgen o a encender las velas del altísimo Crucifijo.