Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Cuando reventó la primera casa, nos mantuvimos serenos en las inmediatas y en la calle; pero cuando con estallido más fuerte aún vino a tierra la segunda, inicióse el movimiento de retirada con bastante desorden. Al considerar que eran sepultados entre las ruinas lanzados al aire tantos infelices compañeros, que no se habrían dejado vencer por la fuerza del brazo, nos sentimos débiles para luchar con aquel elemento de destrucción; creíamos que en todas las demás casas y en la calle, minadas ya también, iban a estallar horribles cráteres, que nos esparcirían desgarrados en sangrientos girones.
Palafox se presentó a la entrada de la calle, y su presencia nos contuvo algún tanto. El mucho ruido impidióme oír lo que nos dijo.
—Ya oís, muchachos, ya oís lo que dice el capitán general —vociferó a nuestro lado un fraile de los que venían en la comitiva de Palafox—. Dice que no habrá en Zaragoza una mujer que os mire, si al punto no os arrojáis sobre las ruinas de las casas y echáis de allí a los franceses.