Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Ya no se comía. ¿Para qué, si se esperaba la muerte de un momento a otro? Centenares, miles de hombres perecían en las voladuras, y la epidemia había tomado carácter fulminante. Ya no había parientes ni amigos; menos aún: ya los hombres no se conocían unos a otros; y ennegrecidos los rostros por la tierra, por el humo, por la sangre, desencajados y cadavéricos, al juntarse después del combate, se preguntaban: «¿Quién eres tú?, ¿quién es usted?».
Pasó un día después de la explosión de San Francisco; día horrible que no parece haber existido en las series del tiempo, sino tan sólo en el reino engañoso de la imaginación. Yo fui a la calle de las Arcadas poco antes de que se hundieran sus casas. Volví al Coso a cumplir la misión que se me encargó, y por el camino supe que descubierta y comprobada la traición de Candiola, éste fue encerrado en la Torre Nueva, hasta que el consejo de guerra sentenciara sobre el castigo que debía imponérsele. Para no cansaros os diré que el feroz tacaño fue fusilado en la misma plaza de San Felipe al amanecer del día siguiente. Yo tuve la desgracia de mandar el pelotón que puso fin a su aborrecida existencia.