Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Lo que os he referido se repitió algunos días. Después vinieron circunstancias distintas, y todo cambió. Los franceses, escarmentados con la vigorosa y nunca vista defensa del 19 de septiembre, no se atrevían al asalto. Conocían la imposibilidad de abrir las puertas de Gerona por la fuerza de las armas, y se detuvieron en su línea de bloqueo, con intención de matarnos de hambre. El 26 de septiembre llegó al campo enemigo el mariscal Auguerau, que se había distinguido en las guerras de la República y en el Rosellón; trajo consigo más tropas, puso por todos lados cerco estrecho, encerrándonos de modo que no podía entrar ni una mosca.
Ya no era posible pensar en socorros, como no vinieran por los aires. Ya no teníamos el triste recurso de buscar la muerte en las murallas, porque el enemigo no se cuidaba de asaltarlas; era forzoso cruzarse de brazos y dejarse morir, mirando la efigie impasible de don Mariano Alvarez, cuyos ojos vivos no paraban nunca, observando aquí y allí nuestras caras, por ver si alguna tenía trazas de cobardía o desaliento. Estábamos mortalmente aprisionados entre las garras de acero de su carácter, y no nos era dado exhalar una queja ni un suspiro, ni hacer movimiento que le disgustara, ni dar a entender que amábamos la libertad, la vida, la salud. En suma, le teníamos más miedo que a todos los ejércitos de Napoleón juntos.