Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Repentinamente, me ocurrió una idea salvadora. Teníamos en casa una preciosa gata con tres gatitos muy monos. No había más remedio que sacrificar al pobre animal y sus criaturas, sin reparar en que eran seres adherentes a la familia. Contestando a mis planes de matanza, Siseta me contestó lloriqueando:
«No te lo quería decir. En estos últimos días que has faltado de casa, don Pablo bajaba con frecuencia. Una tarde se me puso delante de rodillas, rogándome que le diera algo para su hija, pues ya no tenía víveres ni dinero para comprarlos. Cuando esto me decía, uno de los gatitos me saltó al hombro, y don Pablo, echándole mano con mucha presteza, se lo guardó en el bolsillo. Al día siguiente bajó de nuevo y me ofreció los muebles de su sala si le daba otro de los hijos de Pichota, y sin aguardar mi contestación, entró en la cocina, después en el cuarto obscuro, púsose en acecho, y lo mismo que un gato caza al ratón, así cazó él al gato. Cuando salió, tuve que curarle los arañazos que en la cara traía. El tercero pereció de la misma manera, y después de esto la gata huyó de la casa, tal vez por haber entendido que no está segura».
Siseta y yo convinimos en que era urgente rezar, con la esperanza de que, a fuerza de ruegos, nos enviase Dios, por sus misteriosos caminos, algo de lo que tanto necesitábamos. Pero rezamos, y Dios no nos mandó nada.