Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pasada la irascibilidad de aquel cuarto de hora, apenas me podía tener; volví junto a Siseta; en pocas palabras contéle lo ocurrido, y los tres muchachos me oyeron con espanto.
«No hay nada por hoy —les dije con angustia—. Voy a la calle a ver si encuentro una persona caritativa».
Siseta se abrazó a sus hermanos, lloraron en coro, y yo corrí desalado fuera de la casa. A mi paso por las calles vi familias desvalidas, formando horrorosos grupos de desolación en medio de la vía pública, los pies en el lodo, guarecida la cabeza del sol y la lluvia bajo miserables toldos de sucias esteras. Se arrancaban de las manos unos a otros la seca raíz de legumbre, el fétido pez del Oña, las habas carcomidas y los huesos de animales no criados para la matanza. Diestros carniceros, improvisados por la necesidad, perseguían por todos los rincones de Gerona a los pobres perros, que, bastante inteligentes para comprender su trágica suerte, buscaban refugio en lo más recóndito, y aun se atrevían a traspasar la muralla, corriendo a escape hacia el campo francés, donde eran acogidas con aplauso y algaraza tales pruebas de nuestra penuria.