Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos El «Bucentauro», navío general, se rindió a nuestra vista. Villeneuve había arriado bandera. Una vez entregado el jefe de la escuadra, ¿qué esperanza quedaba a los buques? El pabellón francés desapareció de la popa de aquel gallardo navío y cesaron sus fuegos. El «San Agustín» y el «Herós» se sostenían todavía y el «Rayo» y el «Neptuno», pertenecientes a la vanguardia, que habían venido a auxiliarnos, intentaron en vano salvarnos de los navíos enemigos que nos asediaban. Yo pude observar la parte del combate más inmediata al «Santísima Trinidad» porque del resto de la línea no era posible ver nada. El viento parecía haberse detenido y el humo se quedaba sobre nuestras cabezas, envolviéndonos en su espesa blancura, que las miradas no podían penetrar.
Disipóse por un momento la densa penumbra, ¡pero de qué manera tan terrible! Detonación espantosa más fuerte que la de los mil cañones de la escuadra disparando a un tiempo, paralizó a todos, produciendo general terror. Cuando el oído recibió tan fuerte impresión, claridad vivísima había iluminado el ancho espacio ocupado por las dos flotas, rasgando el velo de humo, y presentóse a nuestros ojos todo el panorama del combate.
—Se ha volado un navío —dijeron todos.