Episodios nacionales para ninos

Episodios nacionales para ninos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VIII

Rendido el «Bucentauro», todo el fuego enemigo se dirigió contra nuestro navío, cuya pérdida era ya segura. El entusiasmo de los primeros momentos se había apagado en mí y mi corazón se llenó de un terror que me paralizaba, ahogando todas las funciones de mi espíritu, excepto la curiosidad. Ésta era tan irresistible que me obligó a salir a los sitios de mayor peligro. De poco servía ya mi escaso auxilio, pues ni aún se trasladaban los heridos a la enfermería y las piezas exigían el servicio de cuantos conservaban un poco de fuerza. Entre éstos vi a Marcial, que se multiplicaba gritando y moviéndose conforme a su poca agilidad. Un astillazo le había herido en la cabeza y la sangre, tiñéndole la cara, le daba horrible aspecto. Yo le vi agitar sus labios, bebiendo aquel líquido y luego lo escupía con furia fuera del portalón, como si también quisiera herir a salivazos a nuestros enemigos.

Lo que más me asombraba, causándome cierto espanto, era que Marcial, aun en aquella escena de desolación, profería frases de buen humor, no sé si por alentar a sus decaídos compañeros o porque de este modo acostumbraba alentarse a si mismo.

Cayó con estruendo el palo de trinquete, ocupando el castillo de proa con la balumba de su aparejo, y Marcial dijo:

—Muchachos, vengan las hachas. Metamos este mueble en la alcoba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker